Octubre 1963

Crítico de Arte: Raúl González Tuñón

Exposición Galería: Van Riel

Así como cabe hablar de la “querella de generaciones” (existe jóvenes viejos por su mentalidad y viejos jóvenes por su ímpetu siempre juvenil, y en este caso ahí están los ejemplos de Picasso, Cocteau, Chaplin, Erenburg......) no cabe hablar l de la antinomia que supondrían las tendencias estéticas opuestas. En el fondo, no hay divorcio entre la pintura figurativa y la no figurativa cuando ambas expresiones se afrontan con dignidad y lo objetivo se enlaza cabalmente con la sensibilidad del artista, con su conciencia. El que esto escribe está más cerca de lo que el cree plenamente moderno: la pintura abstracto-figurativa en todos sus matices, que apoyándose primero en la manifestación por la forma, con sentido de síntesis, deja penetrar en el taller por decirlo así, en la intimidad creadora, las purezas y las impurezas de la época en que vive. De este modo, y en su estilo, el artista pone en alguna medida en práctica la premisa según la cual la pintura, como la poesía, tiene algo de dialogo del hombre con su tiempo...

Carlos A. Baglione, a quien ya juzgamos en oportunidad de su muestra en la galería GROUSSAC, se halla ahora en otra búsqueda, afrontando una pintura sobre la base del hecho plástico en si, sin punto de referencia, no cae sin embargo en lo decorativo ni en lo meramente geometrizante. Al evitar la figuración limita las posibilidades temáticas que ofrecen las sugestiones del mundo visible. Pero lo hace porque así lo siente, y por lo tanto, su postura actual es auténtica y no responde, además, a recetas espectaculares más o menos en boga. En experiencias parecidas, otros artistas se han visto luego envueltos en las mallas de su propia retórica, cosa que no sucederá con Baglione, en razón del impulso que lo anima, en una constante inquietud de búsqueda.

Volver a menu de Crítica